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El poder del agradecimiento

  • Gabriela Hidalgo Caldas
  • 23 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 2 feb

En estas fechas se habla mucho de agradecer, a menudo desde un tono que parece exigir optimismo o estar bien todo el tiempo. Sin embargo, el agradecimiento no tiene que ver con negar lo difícil ni con pasar por alto lo que ha dolido, sino con la forma en la que orientamos la atención cuando hay suficiente estabilidad interna.


Cuando vivimos bajo presión, cansancio o preocupación sostenida, la mente tiende a estrechar el foco. Se organiza alrededor de lo pendiente, lo que falta o lo que preocupa. En ese estado, agradecer no resulta espontáneo. No porque no haya nada valioso, sino porque el organismo está priorizando protegerse.


A medida que la activación desciende —aunque sea de forma parcial— la atención puede ampliarse. Empiezan a hacerse visibles apoyos reales, vínculos que sostienen, pequeños gestos, aprendizajes que no siempre se reconocen en el momento. El agradecimiento no aparece entonces como un acto ingenuo, sino como una lectura más completa de la experiencia.


Vivir desde esta mirada, en la medida de lo posible, tiene un impacto claro en cómo atravesamos la experiencia. No elimina el malestar ni evita las dificultades, pero ayuda a regular la carga emocional, reduce la tendencia a la rumiación constante y favorece una relación más estable con lo vivido. También refuerza la sensación de apoyo y de sostén, algo especialmente valioso en contextos de incertidumbre o cierre de ciclos.


El agradecimiento no es solo algo que se siente o no se siente. Es, en parte, un trabajo consciente: el de aprender a no dejar que toda la experiencia quede definida únicamente por lo que ha faltado, lo que ha dolido o lo que no ha salido como esperábamos. No se trata de forzar una emoción, sino de entrenar una forma de atención más amplia.


Quizá por eso, más que imponer el agradecimiento como práctica, tenga sentido crear las condiciones que lo facilitan: pausar, reducir el ruido, permitir algo más de descanso, soltar la exigencia de estar bien todo el tiempo. En ese espacio, el agradecimiento mantiene su tono amable y adquiere, además, una función reguladora de la experiencia.


En estos días de celebraciones, quizá baste con permitirnos reconocer aquello que, aun sin hacer ruido, ha tenido valor a lo largo del año.


Que tengáis unas felices fiestas, con espacio para pausa y el agradecimiento. 🤍 🫂

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