Sobrevivir es vivir por encima
- Gabriela Hidalgo Caldas
- 22 ene
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 2 feb
Hay momentos en los que la vida se sostiene desde arriba: cumplir, responder, seguir. No porque sea lo deseable, sino porque es lo posible. En esos momentos, no estamos eligiendo cómo vivir, estamos asegurándonos de poder continuar.
El problema no es pasar por ahí —todos lo hacemos en momentos de presión, pérdida o exigencia—, sino quedarnos instalados en ese estado. Cuando el modo supervivencia se cronifica, la vida se vuelve funcional pero poco habitable: hay rendimiento, pero poca claridad; hay acción, pero escaso margen interno para decidir con perspectiva.
Vivir, en cambio, requiere otra cosa. Requiere un sistema con suficiente regulación como para bajar el nivel de amenaza, ampliar la atención y recuperar la capacidad de elegir. No es una cuestión de actitud ni de motivación, sino de estado interno.
Por eso, en muchos procesos de cambio, el primer paso no es hacer más sino dejar de vivir permanentemente “por encima” y crear las condiciones que permitan volver a habitar la experiencia con mayor presencia, claridad y coherencia.
La diferencia entre sobrevivir y vivir no está en la fuerza de voluntad, está en el estado desde el que sostenemos el día a día.

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